La gestión de los servicios de salud de los países desarrollados sigue unas tendencias generales que podrían sintetizarse en una disminución de la influencia profesional sobre el sistema, a expensas de un incremento del poder de las empresas gestoras de servicios y de una mayor preponderancia de los pacientes. Las entidades gestoras y proveedoras, con distintos enfoques, tienden a implementar la denominada atención gestionada (managed care). En esencia pretenden regular la demanda de servicios así como la forma como se prestan los cuidados. Ejemplifican estas políticas las HMO norteamericanas, o la reforma británica de los médicos generales gestores de fondos. Los pacientes, por su parte, también están aumentando su capacidad de influencia tanto porque las políticas de salud se centran cada vez más en la opinión pública y las demandas de los ciudadanos como por el derecho de elección que otorga el pagar de forma directa cada vez más servicios o prestaciones. Por otro lado, el desarrollo de las tecnologías de la información ha facilitado el acceso al conocimiento médico, permitiendo que los pacientes entiendan perfectamente el problema que les afecta.



