La declinación de las funciones endócrinas altera las reservas físicas y proporciona un sustrato para la influencia de la edad sobre la expresión de la enfermedad, su respuesta al tratamiento y sus complicaciones ulteriores. Las alteraciones endócrinas de la senilidad pueden ser tan perturbadoras de las funciones fisiológicas como para ser consideradas enfermedades.
La hipertrofia prostática benigna y la menopausia son dos de estas “enfermedades” asociadas con el envejecimiento endocrino fisiológico.
La tendencia de la geriatría ha sido categorizar la población de edad avanzada en dos grupos: personas enfermas y el resto de la población considerada “normal”. Reviste mayor utilidad la estratificación del grupo de ancianos “normales” en un subgrupo de “envejecimiento satisfactorio” en el cual los miembros presentan alteraciones mínimas de los sistemas orgánicos, y otro de “envejecimiento usual” cuyos miembros presentan los efectos propios del envejecimiento agravados por factores agregados complicantes.
El envejecimiento usual o satisfactorio se da de acuerdo a factores extrínsecos (tabaco, alcohol, medicaciones), antecedentes dietéticos y el nivel de actividad física.
El sistema endocrino es el sector más afectado por el envejecimiento. Hay cambios en la anatomía: disminución de peso, atrofia, cambios vasculares, fibrosis y tendencia a la formación de adenomas.
Los niveles hormonales no son afectados (salvo la renina, aldosterona y la dihidroepiandrosterona) dado que si bien hay una disminución de la secreción glandular también hay una disminución del aclaramiento hormonal.
Los índices de secreción de casi la totalidad de las hormonas disminuye con la edad avanzada, independientemente de las correcciones de la masa corporal magra.



