Síndrome de isquemia crónica

El diagnóstico de isquemia crónica se establece por la clínica, la exploración física y las pruebas complementarias. La palpación de los pulsos arteriales (femoral, poplíteo, tibial posterior y pedio) debe realizarse comparando el lado contralateral; es útil tanto para el diagnóstico sindrómico como para la localización del sitio de obstrucción. En las radiografías de abdomen y extremidades a menudo se observan calcificaciones vasculares. La oscilometría y la ecografía con efecto Doppler permiten confirmar el diagnóstico. El estudio angiográfico está indicado antes de realizar la intervención quirúrgica arterial reconstructiva. El diagnóstico diferencial debe realizarse con otras enfermedades vasculares como la tromboangitis de Buerger, las vasculitis y la trombosis masiva femoroilíaca, así como con enfermedades de la columna como las lumbociatalgias y el canal lumbar estrecho. En este último caso, el dolor tarda más de 5 minutos en desaparecer y, a diferencia de la claudicación vascular, se intensifica más al andar cuesta abajo.
La obstrucción arterial crónica suele tener un curso estable y una evolución lenta. Sin embargo, la mortalidad es el doble que la de la población normal. La mortalidad está determinada por la coexistencia de cardiopatía isquémica y enfermedad cerebrovascular. En un 70-80% de los casos la enfermedad permanece estable, en el 20% es progresiva y requiere intervención quirúrgica reconstructiva y, aproximadamente, el 5% sufrirá una amputación en los 5 años siguientes.

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